Una Lista de Super-Alimentos para mi Madre

por | May 12, 2019 | Miscelánea, Saludable | 0 Comentarios

Hoy es el Día de la Madre y quiero dedicar este artículo a la mía, como regalo, escribiendo sobre los super-alimentos esenciales que considero deben estar en nuestra nutrición diaria, para mantener una salud óptima en el largo plazo.

Y es que si bién la medicina convencional (que es interventiva, y no preventiva), es crucial en tantas ocasiones, nada impide que nos pongamos preventivos y sumemos, y detengamos a tiempo los potenciales problemas crónicos que nos atenazan. Nos quitaremos así buena parte de esos problemas si seguimos unos sencillos hábitos alimentarios.

Paso a describir los super-alimentos que yo personalmente recomiendo a mi madre emplear generosamente en todas las comidas algunos, todas las semanas otros.

1) Agua Mineral Natural

Algunos no la considerarán un alimento, pero no porque sea “menos” que un alimento, sinó por ser mucho más. El agua (algunos dicen que es un ser vivo, o sintiente, o pre-sintiente y pre-vida) es el nutriente número uno, y debemos prestar una gran atención a su procedencia.

De las entrañas de la tierra brota este agua proveniente del ciclo de las lluvias filtradas, que han permeado en la roca, y que han estado mineralizándose y agitándose entre el frío y el calor de las profundidades, en este caso por 3.600 años (acuífero de aguas fósiles). No todos los manantiales son tan arcaicos, y algunos simplemente devuelven agua de lluvia reciente, pero en este caso el agua que bebemos es ancestral. Hay una teoría, llamada del “Agua Estructurada”, que nos dice que esos movimientos intra-terrestres la dotan de propiedades especiales que se pierden al embotellarla, de modo que algunos recomiendan “redinamizarla” vertiéndola sucesivamente para “re-estructurarla” antes de su toma.

El agua del grifo no suele ser de buena calidad, y arrastra todo tipo de químicos e impurezas, y es la misma que encontraremos en las principales marcas de agua embotellada. Lleva rastros de arsénico, fertilizantes, metales pesados, disolventes industriales, y medicinas (incluyendo antidepresivos o drogas).

De manera que lo más recomendable es comprar Agua Mineral Natural, a poder ser en botella de vidrio, que no suelta sustancias propias del plástico en el líquido.

En España, tenemos un agua extraordinaria llamada Solán de Cabras que proviene de un manantial de uso milenario ya conocido en tiempos romanos, en Betea, Cuenca.

El agua que ellos comercializan es fácil de conseguir, algo cara, pero que se nota a leguas que es de una altísima calidad. Viene embotellada en plástico azul marino creo recordar, así que ignoro si tiene formato de vidrio. De no ser así, es algo con lo que se puede vivir, y en todo caso yo la recomiendo.

En Colombia tenemos el Agua del Nacimiento, de Postobón, que es recogida de una región montañosa de la que brotan aguas pluviales que luego alimentarán el río Orinoco: la región del Piedemonte Llanero, en el departamento del Meta, limítrofe con Bogotá en la Cordillera Oriental. Viene embotellada en vidrio y sabe muy bién.

Kéfir en agua. Yo lo he probado en leche, y es como un yogur líquido, con gas, ácido y levemente alcohólico.

2) Kéfir (o, en su defecto, Kombucha)

Nuestros intestinos piensan y sienten. Allí tenemos al “Pentágono” de nuestro sistema inmune, la base de nuestras defensas. Todo un microcosmos infinito, nuestra biota intestinal, es quién empoderará nuestra capacidad de luchar contra la invasión y la enfermedad crónica. Es por ello que necesitamos una biota intestinal equilibrada y rica, y no asolada y descompensada por los azúcares, por ejemplo.

Un modo de tener a nuestra microbiota intestinal feliz, es dándole alimentos probióticos. Destacamos dos: el Kéfir, que proviene de la región ancestral del Cáucaso, y que es una amalgama de hongo y bacterias benignas, que se deja dentro de leche o agua hasta que estas fermentan y luego se cuelan para beberse, y la Kombucha, otro hongo de similar acción, cuyo medio de fermentación es esta vez el té, y que procede de China.

Té de Kombucha. Si bién el Kéfir debe hacerlo uno en casa, pidiendo gránulos a amigos que ya lo cultiven (porque el Kéfir comercial es una engañifa y no lleva apenas sustancia), la Kombucha es más segura de comprar comercialmente (suele llevar poso visiblemente). Se puede hacer en casa, usando el poso de hongos que uno debería visiblemente detectar en la kombucha envasada y comercializada

Seguramente ambos fueron descubiertos por el azar del descuido y la fermentación, y alguien los probó y no sólo les gustó el sabor, sinó que vieron que tenía propiedades curativas, o energizantes. Y así es: ambos reforzarán nuestra microbiota, y por tanto nuestro sistema inmune y la desinflamación de nuestro cuerpo (ambas cosas relacionadas con la supresión del Cáncer).

3) Las semillas de Chía

La Chía (Salvia Hispanica) proviene de México, Guatemala y Nicaragua, y junto con el Lino es la especie vegetal con más concentración de ácidos grasos Omega-3, con multitud de beneficios para nuestro cerebro y sistema inmune.

Sus semillas han sido ancestralmente apreciadas por su aporte nutricional, y energético, su fibra, y sus pocas calorías. Promueven la buena digestión y la desintoxicación del cuerpo, y son relativamente baratas y fáciles de conseguir en España y Colombia.

Pueden usarse en ensaladas, pasta, postres, tostadas, carnes, pescado…

Si no disponemos de semillas de Chía las podemos reemplazar con semillas de linaza o aceite de linaza culinario, que tiene una altísima concentración de Omega-3, ideal para nuestro cerebro (hay numerosos estudios que lo ligan a prevenir el Alzheimer, a superar la depresión, a la neurogénesis -creación de neuronas nuevas-, y demás condiciones relacionadas con el cerebro que está, recordemos, esencialmente compuesto de una sustancia grasa).

Las semillas de Chia fueron uno de los cuatro cultivos principales de los aztecas. Los otros tres eran amaranto, maíz y frijoles.

4) Algas: Chlorella y Espirulina

La Chlorella es una alga unicelular que lleva poblando el planeta desde hace millones de años en lagos de agua dulce, y está compuesta básicamente de proteína y pigmentos de clorofila. Es un poderoso desintoxicante, ya que su estructura celular se agarra y arrastra a metales pesados como el cadmio, el uranio, el mercurio, e incluso erradica material radioactivo. Al mismo tiempo, empodera el sistema inmune ante futuras exposiciones a esos venenos que adquirimos cada día respirando el aire tóxico de las ciudades, y estando sometidos a tantos niveles de radiación. Su composición es 50% proteína.

La Espirulina es una cyanobacteria de aspecto algáceo y color azul-verdoso, que crece en cuerpos de agua alcalina en México y África, y tiene todavía más proteína que la Chlorella (un 70% de su composicón). Contiene un tipo de aceite graso Omega-6 (GLA) y un fitoquímico (phytocyanin, que le da el color azul) cruciales para la función cerebral, el sistema reproductivo, el crecimiento, la piel y el cabello, la salud de los huesos, y la regulación del metabolismo.

La Chlorella la recomiendo para detoxificar, y la Espirulina para uso general.

Arriba tenemos un montoncito de Chlorella y abajo de Espirulina, deshidratadas. Ambas son complementarias y tienen un poco de coste económico pero solventable (¡lo que nos ahorremos en Menús del Día puede ir a este departamento!)

(más próximamente…)

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