¿Una cantidad de olvido apropiada?

por Feb 27, 2020América, España y Europa, Mundo Contemporáneo0 Comentarios

Nunca hubiera imaginado que alguna gente de origen popular en Colombia y Venezuela confundirían España con Italia o Argentina, pero SUCEDE.

O que no sepan ubicarnos mucho, y tengan que pensar y hacer como memoria “Ah sí, España…” o “hablas muy bién el castellano, qué hablais allí?”. Luego hacen memoria y ya te ubican, pero les cuesta.

Me encanta cuando sucede, es tan descabellado y entrañable a la vez.

Realmente no hay presencia de españoles, física, en Hispanoamérica, o tan poca que es como si no hubiera ninguna.

Eso tiene sus cosas buenas para los que estamos aquí. Malas ninguna, porque pierdes de vista el país (España) que, a mi al menos, tanto me ha agobiado y tan corrupto me parece (a todos los niveles).

Llegué a sentir que si no me mudaba me iba a volver loco, el egoísmo, el materialismo, la maldad, la corrupción de las almas y el postureo en España me estaban enfermando.

Luego la echas de menos, que si los bares, las ruinas romanas, las señoras teñidas, los colegas del barrio, pero yo necesitaba desconectar.

Aparte de la ausencia física de españoles en América (que los hay, pero somos cuatro), tampoco destacamos en las redes, donde si bién se prodigan algo más (youtube, etc), seguimos siendo minoría (el más presente es México).

Eso es una nueva perspectiva para mí, que relativiza el rol e impacto que tenemos en América: es relativo y reducido, es ocasional, es remoto. Creo que para bién, porque la España actual está como endemoniada, en su peor versión, la más cáustica, la más agresiva, por las razones antes mencionadas (Dios Dinero).

Finalmente, la realidad del dia a dia se impone tan masiva y severa para mucha gente en América que no tienen fuerzas ni para mantener en la cabeza que existen tales o cuales países y que son así o asá. No tienen tiempo para pensar mucho, si acaso para anhelar una realidad económica algo mejor.

La mayoría de gente sí tienen una idea de España. Pero un persistente 20% de personas no lo tienen del todo claro y deben darse un instante para recuperar el hilo de esa historia que se borró, buscar familiares allí en su memoria, recordar qué sé yo, a Julio Iglesias o los toros, y recobrar la noción de que una vez fue una Metrópoli de la que todos eran ciudadanos.

Ha sido un fascinante aprendizaje y una cura de humildad: no somos nadie… estamos muy lejos (los españoles) de nuestra mejor forma: moral, social, personal.

El Dinero, el Becerro de Oro, se ha encargado de anular todas las características que nos hacían reconocernos como hombres con un alma y un corazón.

Quizás este olvido americano tenga, por tanto, su razón de ser, y sea mejor así… aunque tampoco estoy del todo seguro.

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