Aturdidos, pero no desgajados: recuperando la Tradición en España

por Mar 4, 2020España y Europa, Mundo Contemporáneo, Política0 Comentarios

Es cierto que la generación actual de españoles han crecido con referencias desdibujadas al pasado, expuestos como están al Capitalismo y a la producciones culturales anglosajonas (Netflix, toda la Industria Discográfica, etc).

La Transición y demonización del Régimen anterior juegan un papel en todo eso, para un borrado de la historia de las mentes de los europeos que es sin embargo de mucho mayor alcance, para la creación de un “Europeo Nuevo” a gusto del Imperio: un ser guiado por el inmediatismo del placer, sin resistencia nacionalista, sin noción de soberanía, para el que prime el ego, la insolidaridad, el trabajo y el consumo, el no-pensamiento, la no-convivencia.

Se trata de un borrado de nuestra historia e identidad, y de todas aquellas instituciones no-estatales y no-mecantiles, instituciones antiguas hoy mermadas, emanando del pueblo, que regían nuestras vidas, antes del apogeo Luciferino actual, dónde solamente el híbrido Estado-Capital está legitimado para influir en los acontecimientos.

Esas instituciones intermedias se quieren erradicar: Gremios, Fueros, Comunales, pero sobretodo Familia y Nación.

“A España no la reconocerá ni la madre que la parió”, dijo el sociata Alfonso Guerra en su prime. La tabula rasa que la PSOE se ha encargado de llevar a cabo en sus distintas manifestaciones / ciclos (González, Zapatero, Sánchez), y en menor medida el resto de partidos mafiosos españoles, tienen toda la responsabilidad de nuestra dificultad añadida para recuperar el pasado. Tanto es así, que uno aseguraría que el PSOE es un instrumento extranjero y exterior para desvirtuar y desnaturalizar España, y a estas alturas yo me lo creería. Hay libros al respecto, de hecho.

Veamos algunos puntos que el Régimen de 1978 ha traído a España, mayormente de la mano del PSOE, pero también de los peperoni:

  • no a la continuidad histórica de España: sí a la disrupción y alteración de su ser histórico, sí a la interrupción de la soberanía, sí al vasallaje “democrático” de la EU/Imperio (no es mucho más democrático que Franco)
  • no a la Familia, sí a la fragmentación individualista
  • no a tener hijos, sí al aborto
  • no a la unión entre hombres y mujeres, sí a la desunión entre hombres y mujeres
  • no a una España étnicamente reconocible, sí a tanta mezcolanza como se sea capaz (algo que hasta cierto punto es tolerable, pero pasado cierto punto empieza a ser alarmante)
  • y etc

 

Por lo tanto, aquellos de entre nosotros que queremos regresar a un mundo antropológicamente consciente y responsable, dónde en vez de servidumbre (comprada con placer) tenemos soberanía (luchada día tras día), tenemos una baza a nuestro favor: ese pasado que debemos recuperar es racionalmente accesible, porque se trata ni más ni menos que la prevalencia de la Familia y la Nación, dos entidades que están grabadas en nosotros profundamente, por muy atontaos y drogados por el Ego-Capitalismo-Feminazi que estemos (que lo estamos).

Son dos instituciones que están en nuestro inconsciente colectivo, si eso existe, que creo que sí.

La Familia puede ser destruída, pero puede ser recuperada. La Nación y su continuidad histórica pueden ser destruídas, pero pueden ser recuperadas también, aunque quizás menos, porque la suplantación poblacional es menos reversible que las moditas anti-Familia moderniquis del feminismo.

En cuanto a nosotros, está 100% en nuestras manos recuperar para nuestro propio tiempo (así como pasar a las generaciones venideras) todo lo que sepamos directamente del pasado (el funcional y el estable, no el pernicioso) que está siendo borrado deliberadamente de nuestras mentes: convivencia, familia, historia, tradiciones, costumbres, estilo y elegancia, masculinidad para los hombres, feminidad para las mujeres, artesanía, agricultura, ganadería, auto-suficiencia, folclore, uso del idioma, etc.

Y si no lo recordamos ni lo sabemos porque ya estamos muy dañados en ese aspecto, debemos reinventarlo, y, con esa brújula generalista (Familia, Nación) regresar a un status quo que honre a ambas cosas, en lugar del mezcolámen luciferino, lúbrico y dinérico a imagen y semejanza del capitalismo espectral anglosajón (y tengo grandes amigos anglosajones, pero su sistema no me sienta bién) que nos gobierna, como a un hormiguero de desalmados.

Hasta pronto,

― Nacho

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