Las Muelas Mágicas de Laura

por Abr 15, 2020Literario, Miscelánea0 Comentarios

Laura era una niña a la que siempre le pasaban cosas sensacionales.

Junto a su hermano, una tarde descubrieron conchas de luz entre la arena de la playa, y se las trajeron a su mamá, que las guardó en un pote de cristal. Por la noche, las conchas de luz iluminaban la habitación y les daban a todos una sensación de calma.

Otro día, cuando su abuelita los recogía del colegio, encontraron de camino a casa a un gatito con manchas blancas y negras, que los miraba con ojillos verdes. Al gatillo lo llamaron Señor Pétalo, y lo cuidaron con grandes atenciones, hasta que creció sano y fuerte, aunque siempre fue un poco despistado y siempre tiraba los jarrones de la casa al suelo, rompiéndose al estrellarse con el piso, y se quedaba mirando a la gente (escandalizada) con esos ojillos verdes.

Otro día, el viento soplaba tan fuerte, que Laura decidió soplar contra él, y el viento aminoró, dejando pasar a Laura, que iba de camino a la peluquería junto a su hermano y su abuela. Laura se imaginó el corte de pelo que recibiría su hermano y, mágicamente, el barbero se lo hizo exactamente a como había imaginado, con unas formas y unos dibujos bacanísimos.

Le quedó genial, y su hermano, siempre muy activo, mutliplicó por diez su energía durante los siguientes diez días.

Pero un día, a Laura le sorprendió un dolor de muelas.

– Mamá qué puedo hacer?
– Iremos a ver al Doctor Giacometti – respondió la mamá

Cuando llegaron a la consulta del Doctor Giacometti, vieron todo tipo de elegantes muebles, papeles, espejos, cuadros históricos y una colección de bolígrafos.

– Cuénteme jovencita, dónde le duele?
– AQUI – dijo Laura, señalándose las muelas

El Doctor Giacometti sacó una lupa para examinar las grandes muelas de Laura.

– AAAAH vaya, un dolor de muelas tipo C, usted debe ser una persona de gran corazón e imaginación galopante, es un caso típico, así que permítame que le recete lo siguiente…

El Dr Giacometti se sentó en su escritorio de madera y empezó a recitar mientras escribía:

– Lunes, un trago de agua de mar, Martes, 80 frijoles de amorcito, Miércoles, estornudo de caracol, que deberá tomar en ayunas, Jueves y Viernes, miga de carne de pez, frita en aceite de luciérnaga… y Sábado y Domingo, descansar, podrá descansar, jovencita.

De regreso a casa, Laura estaba aburrida y su hermano se reía de todos los potingues que ella debía tomar.

Señor Pétalo tiró otro jarrón al suelo y miró con sus ojillos verdes, y la tarde se volvió confusa y atareada.

Por la noche, con un poco de dolor de muela, Laura fue a mirar las conchas de luz, que estaban brillando como siempre. Eso la calmó, y el dolor empezó a desaparecer. ¿Cómo era eso posible? “¡Las conchas son blancas como mis muelas, son duras como mis muelas, y están hechas de la misma materia que mis muelas!”. “Como las estrellas, como los tesoros de marfil del África, como los mármoles de Italia!”.

Laura se sintió mejor.

Su muela ya no estaba sola, ahora formaba parte de un universo genial, y con esa idea, todas las muelas de Laura estuvieron siempre acompañadas de una luminosidad maravillosa cada vez que sonreía.

Y hasta aquí, el cuento por teléfono de hoy.

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