La Sagra I

por Sep 27, 2020Literario0 Comentarios

La Sagra es un lugar recóndito en medio de todo. Los visajes ajados de sus habitantes te recuerdan que una vez hubo allí un mundo batido, baldío, de obús y aire seco, de sabor taciturno, de labor de tierra, de sol de justicia.

De espíritus aventados como un caballo desbocado.

Esos rostros siguen cautivos bajo la apariencia del dinero nuevo, del que llegó y se fue como un aguacero. Del que nunca jamás regresará. Hecho de grúas, ladrillo, catastros, discusiones fuertes, tractores, de municipalidad muerta y vaga, de iglesias silentes golpeadas por la radiación.

Hoy ese respirar ardido, ese deslomarse, ese quejido plañidero (agazapado) de sus congénitos habitantes, son fáciles de dejar atrás acelerando por la A-42, la Carretera de Toledo, dejando atrás Villaluenga, Cabañas, Olías del Rey, con el sudor tembloroso de quién se sabe acechado.

Cuál Triángulo de las Bermudas terrenal, los motores muestran síntomas de querer detenerse, los perros se cruzan en la carretera (galgos), pero normalmente todo queda en un susto. Toledo Norte aguarda, vuelven los radares, las circunvalaciones.

En las colinas áridas de La Sagra solo quedarán alacranes, escondiéndose, esperando su momento para salir al fresco, bajo la quietud de una luz apabullante, que solo dará tregua a la luna condenada, a la modulación y el súbito aleteo de un pequeño búho cazador.

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