Trance literario madrileño

por Jul 15, 2021España y Europa0 Comentarios

Hace años que dejé la Villa y Corte, para que se consumiera en su caldo con patatas de un feminismo que yo ya no toleraba más.

Pero apostaría dinero (y las noticias lo constatan) a que la agresividad y el desalmamiento en Madrid siguen en niveles altos. Hay algo raro en el ambiente que dura desde los 2000 cuando irrumpió ese primer reaggetón vieja escuela: Daddy Yanke, Don Omar, etc.

Los extranjeros de la américa hispana (conjunto de países que amo) se vuelven, sin embargo y en España, como locos, especialmente los más jóvenes. Hay una cierta segregación que, combinada con la libertad mal entendida, hace que se sientan en tierra conquistada y nos agarren un odio insano.

Es la estrategia de los poderes globalistas de importar para desarraigar (y destrozar Europa) que nuestros gobernantes comprados llevan a cabo.

De los MENA (inmigrantes árabes) ya ni hablar: son pura mugre y poco hay más que añadir.

A veces vas por barrios, incluso de día, y la sensación que te invade es que el ser atacado con intención letal es una posibilidad que podría acontecer en cualquier momento.

Tetuán. Arganzuela. Ciudad Lineal. Incluso en barrios que por las pintas de la gente (familias) deberían ser tranquilos, tipo Moratalaz o Chamberí, también hay algo raro en el ambiente.

La colosalidad de las avenidas, los bloques, las distancias de mierda, nada ayuda a la cohesión social.

Vas para Aranjuez, y a pesar de un cierto “paquismo” (sencillez hortera de las gentes), se respira otro aire: existes para los demás, la gente es más sencilla, exige menos de ti.

Madrid en cambio son espacios transitoriales a mansalva, escenarios nacidos para albergar miradas de desprecio, de envidia, gritos, imperativos, certeras cuchilladas, aceras anchas para el correteo de bandas persiguiendo a alguien. Horarios bizarros de afters que solo cerrarán cuando corra la sangre.

Droga y putas.

El Diablo es fuerte en Madrid. Se nota una especie de “sálvese quién pueda” en esa capital, una DISOCIEDAD como dice Juan Manuel de Prada.

Así que ojo cuidao ahí fuera. Linterna táctica, spray de defensa, y una buena pegada desarrollada en saco de boxeo.

Evitar enfrentamientos por ego. No meterse en problemas. Seguir con la vida de uno… y si puedes, salir de ahí, básicamente.

Madrid es un padre tosco y liante al que amas pero del que quieres alejarte. La anglomanía de sus peperos no ayuda a ahuyentar al diablo. La progredumbre de sus clases colocadas al albur de la partitocracia hacen de la situación algo peor.

Dos equipos argumentando para degenerar de la manera A (capitalismo chulapo) o la manera B (feminazismo hegemónico).

Al cabo de los años ese cúmulo de materia oscura de 21 distritos me estaba destrozando la vida, y el cielo que promete el lema (“¡De Madrid al cielo!”), rallado de chemtrails, hacía desapacible hasta el más ingenuo soñar para poder evadirse.

Sin embargo, y a fin de cuentas, esa urbe, distorsionada por los humanos parasíticos que la habitan, sigue gozando de una referencia total para mi. Es muy probable que vuelva a ti, Madrid, quizás solo por  provocar y ver de la pasta que sigues hecha.

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