Un barrio

por Oct 24, 2021Literario0 Comentarios

El otro día salí a pasear con la bicicleta a las seis de la tarde. Noté que era cuanto tenía que hacer. A esa hora se hace de noche aquí, durante todo el año, también ese viernes. No fui por los caminos ni calles diurnos, que ya conozco. Sinó que me adentré en un barrio al que suelo ir siempre que necesito sentirme un poco Viajero de Sueños, porque es claramente un portal dimensional.

Su hechizo consiste en que no se parece al resto de la ciudad. Es como un trozo del Bogotá estrecho, pero en las calurosas calles vallecaucanas, y se distingue por la estrechez de su hidráulica, y la nocturnidad tranquila de sus habitantes.

Durante esas horas en que uno debiera, según reza la prevención, estar alerta ante el prójimo, aquí uno debe estar alerta a la placidez, para no perdérsela, de un barrio enteramente inofensivo.

Puede uno observar la intimidad de sus habitantes, las calles son una extensión de su casa y así la tratan, ventanas y puertas abiertas, dando colores interiores blancos, verdes y azules de señoras en delantal cocinando, contra el exterior naranja oscuro dónde todo se ofusca en el mismo tono – por el alumbrado municipal que baña en ámbar las sombras.

Se ofuscan los paseantes, los bicicleteros como yo, el retrasado que agita sus brazos sentado en el suelo. Los niños empujados por vientos endiablados pateando el balón. Los jóvenes besándose en las esquinas, los mayores sentados a la fresca en sillas blancas de plástico. Las muchachas que se apresuran a llegar a su casa porque se saben deseadas y no quieren dedicar más de lo necesario a ese inoportuno trance.

También vi un trozo de Pueblo Nuevo allí, en la cancha de fútbol, pisoteada por los cuerpos al grito “¡pásala, aquí, eh!”.

Uno de los laterales de la cancha queda delimitado con casas hechas en los años 1950. Por la irregularidad de los tejados. Por el emparedado harinado, desconchado. Por la escasez de ventanas, abiertas como un suspiro, vías de escape de un interior acogedor y barrial, en el que uno aprende, sin embargo alguno, lo más importante de la vida.

Nunca recuerdo el nombre de ese barrio. Pero no me importa.

Cuando lo bicicleteo, siento una tremenda euforia, sé que la gente es buena, que la ausencia de Vigilancia es una victoria contra la misma. Pulverizamos a los vigilantes, nos los cargamos, no hay ni rastro de ellos aquí, algun policía motorizado despistado, sin mucho que hacer. Hemos expulsado al Mal y me incluyo entre los vencedores, lo hemos expulsado a las tinieblas de dónde vino, al menos durante esa tarde eterna.

Me invadió asi una vez más la sensación, o la certeza, de que Dios hace el mundo para uno, y de que cada cual puede situarse en ese rol de aventurero único con sólo proponérselo: “voy a ver qué preparó Dios hoy aquí para que lo sueñe despierto; voy a espiar su creación porque sé que me da para ello permiso, veamos pues qué expresión del mundo, qué seres asbolutos va a brindarme hoy, porque yo acepto su obra para que, a través de mi conciencia, se exprese y se imprima y me deje sin palabras”.

Así es que entiendo a Heidegger cuando camina por la Selva Negra. Su obra es un lamento, se lamenta por el abandono del Mundo. El Mundo como sagrado procesar la Creación, procesar del que todos somos capaces, y del que todos nos hemos alejado.

Ahora queremos ser Dioses, no yo, pero sí “el progreso”, que cambia géneros, juega con ADNs, mezcla poblaciones, somete con su Finanza y Asalariato, androginiza, pincha sustancias, tele-emite, cabezaparlantea, invade desiertos, bombardea edificios en Siria, instala C4 en Atocha, cabaliza los eventos colectivos, droga las psiques, encarcela a robagallinas y monta “Secciones Pi” de Sicariato de Estado, como recién dijo Villarejo, como no debiera sorprendernos por los ya conocidos antecedentes de similar naturaleza, y como ningún medio masivo ha tenido la honradez de recojer, a diferencia de los años 90, cuando todavía quedaba una España a la que someter: en la deuda, en la inopia, en la ignominia, en el Ego y en el desarraigo.

Los Antiguos deparan la destrucción a quién se erija con la osadía de portar la luz reemplazando al Creador. No tardaremos en ponerlos a prueba.

¡Un abrazo padre!

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