Os recomiendo al youtubero español Lobo Estepario

Os recomiendo al youtubero español Lobo Estepario

Os recomiendo al youtubero español Lobo Estepario

Os recomiendo al Youtubero español Lobo Estepario. Es anti-pandemista. Bastante radical. Pero dice cosas interesantes. Tenía canal propio, pero mencionó a los Innombrables (adivine quiénes son) y fue fulminado (cerraron su canal a los 20 minutos de publicar ese video en particular). Ahora sobrevive mediáticamente enviando sus videos a amigos que le hacen el favor de publicarlos por él en cuentas con otra IP que la de su teléfono.

Vean unos cuantos videos suyos recolectados por aquí. Este canal los actualiza correctamente, al menos los videos nuevos que va subiendo.

En muchos comentarios se acusa a Lobo de estar loco o perdiendo la chaveta.

Sí que da un aspecto de inestabilidad.

Gritos, hablar solo como último recurso… Algo que dada la situación, hasta cierto punto es comprensible.

Estar en España causa ira, desequilibrio.

Las personas cuerdas enferman en entornos locos.

Y España lo es. La Élite (española e internacional) ha dado forma a un país dónde progresa el cobarde, el cateto, el traidor, el adulador, el siervo, el obediente. Una figura humana hecha a su semejanza (a la semejanza y comodidad de los políticos españoles). El hombre honesto, respetuoso… está frito aquí.

Un mundo al revés completado exitosamente.

Y así claro pierde la chaveta cualquiera (a no ser que te pases al enemigo, que entres al redil).

Si pudiera aconsejar a Lobo le diría que si cambia de entorno (Portugal me parece cojonudo – no sé por qué lo ha dejado, dice que la policía le molesta igual pero coño, es que hasta cierto punto es normal que se pregunten qué hace un menda hipertrofiado greñudo y hablador solitario durmiendo en un coche en parajes desolados-), que cambie el chip también, que no se lleve la ira consigo.

Que la ira producto de la impotencia causa todavía más impotencia. Que uno no puede perderse por no poder vencer al Leviatán/Estado. Hay que adaptarse a otra forma de lucha no-frontal. Asimétrica.

Es una guerra de consciencias, si la tuya está sana ya lo tienes todo ganado. Si no… les perteneces.

La Sagra I

La Sagra I

La Sagra I

La Sagra es un lugar recóndito en medio de todo. Los visajes ajados de sus habitantes te recuerdan que una vez hubo allí un mundo batido, baldío, de obús y aire seco, de sabor taciturno, de labor de tierra, de sol de justicia.

De espíritus aventados como un caballo desbocado.

Esos rostros siguen cautivos bajo la apariencia del dinero nuevo, del que llegó y se fue como un aguacero. Del que nunca jamás regresará. Hecho de grúas, ladrillo, catastros, discusiones fuertes, tractores, de municipalidad muerta y vaga, de iglesias silentes golpeadas por la radiación.

Hoy ese respirar ardido, ese deslomarse, ese quejido plañidero (agazapado) de sus congénitos habitantes, son fáciles de dejar atrás acelerando por la A-42, la Carretera de Toledo, dejando atrás Villaluenga, Cabañas, Olías del Rey, con el sudor tembloroso de quién se sabe acechado.

Cuál Triángulo de las Bermudas terrenal, los motores muestran síntomas de querer detenerse, los perros se cruzan en la carretera (galgos), pero normalmente todo queda en un susto. Toledo Norte aguarda, vuelven los radares, las circunvalaciones.

En las colinas áridas de La Sagra solo quedarán alacranes, escondiéndose, esperando su momento para salir al fresco, bajo la quietud de una luz apabullante, que solo dará tregua a la luna condenada, a la modulación y el súbito aleteo de un pequeño búho cazador.

Las Muelas Mágicas de Laura

Las Muelas Mágicas de Laura

Las Muelas Mágicas de Laura

Laura era una niña a la que siempre le pasaban cosas sensacionales.

Junto a su hermano, una tarde descubrieron conchas de luz entre la arena de la playa, y se las trajeron a su mamá, que las guardó en un pote de cristal. Por la noche, las conchas de luz iluminaban la habitación y les daban a todos una sensación de calma.

Otro día, cuando su abuelita los recogía del colegio, encontraron de camino a casa a un gatito con manchas blancas y negras, que los miraba con ojillos verdes. Al gatillo lo llamaron Señor Pétalo, y lo cuidaron con grandes atenciones, hasta que creció sano y fuerte, aunque siempre fue un poco despistado y siempre tiraba los jarrones de la casa al suelo, rompiéndose al estrellarse con el piso, y se quedaba mirando a la gente (escandalizada) con esos ojillos verdes.

Otro día, el viento soplaba tan fuerte, que Laura decidió soplar contra él, y el viento aminoró, dejando pasar a Laura, que iba de camino a la peluquería junto a su hermano y su abuela. Laura se imaginó el corte de pelo que recibiría su hermano y, mágicamente, el barbero se lo hizo exactamente a como había imaginado, con unas formas y unos dibujos bacanísimos.

Le quedó genial, y su hermano, siempre muy activo, mutliplicó por diez su energía durante los siguientes diez días.

Pero un día, a Laura le sorprendió un dolor de muelas.

– Mamá qué puedo hacer?
– Iremos a ver al Doctor Giacometti – respondió la mamá

Cuando llegaron a la consulta del Doctor Giacometti, vieron todo tipo de elegantes muebles, papeles, espejos, cuadros históricos y una colección de bolígrafos.

– Cuénteme jovencita, dónde le duele?
– AQUI – dijo Laura, señalándose las muelas

El Doctor Giacometti sacó una lupa para examinar las grandes muelas de Laura.

– AAAAH vaya, un dolor de muelas tipo C, usted debe ser una persona de gran corazón e imaginación galopante, es un caso típico, así que permítame que le recete lo siguiente…

El Dr Giacometti se sentó en su escritorio de madera y empezó a recitar mientras escribía:

– Lunes, un trago de agua de mar, Martes, 80 frijoles de amorcito, Miércoles, estornudo de caracol, que deberá tomar en ayunas, Jueves y Viernes, miga de carne de pez, frita en aceite de luciérnaga… y Sábado y Domingo, descansar, podrá descansar, jovencita.

De regreso a casa, Laura estaba aburrida y su hermano se reía de todos los potingues que ella debía tomar.

Señor Pétalo tiró otro jarrón al suelo y miró con sus ojillos verdes, y la tarde se volvió confusa y atareada.

Por la noche, con un poco de dolor de muela, Laura fue a mirar las conchas de luz, que estaban brillando como siempre. Eso la calmó, y el dolor empezó a desaparecer. ¿Cómo era eso posible? “¡Las conchas son blancas como mis muelas, son duras como mis muelas, y están hechas de la misma materia que mis muelas!”. “Como las estrellas, como los tesoros de marfil del África, como los mármoles de Italia!”.

Laura se sintió mejor.

Su muela ya no estaba sola, ahora formaba parte de un universo genial, y con esa idea, todas las muelas de Laura estuvieron siempre acompañadas de una luminosidad maravillosa cada vez que sonreía.

Y hasta aquí, el cuento por teléfono de hoy.

Pero el mío, mi mar, él no está desecado

Pero el mío, mi mar, él no está desecado

Pero el mío, mi mar, él no está desecado

Miremos a España por ejemplo. La vida normal parece haber terminado.

 
Pero no solo por el toque de queda del Coronavirus.
Sin Coronavirus también: la vida normal ha terminado.
 
Solo queda como resquicio quién salga con una barca a la mar, y sirva más tarde contra el suelo los tesoros submarinos medio desenredados y latientes, sólidos, golpeando rellenos contra el suelo su frescor vivo.
 
Ahora todo es Mediamarkt, teles de plasma, cinismo, sonrisa del inseguro que habla por una bocaza ofensiva.
 
Ahora todo es Ministerio de Obras Públicas, Banca Amiga, Telecinco, Fútbol.
 
¿Tan alejados estamos de la vida primigenia?

Una Luna como una Fortaleza de Dioses

Una Luna como una Fortaleza de Dioses

Una Luna como una Fortaleza de Dioses

Hoy vengo del río, la luna se ha levantado plena como una gigantesca montaña de mármol, elevándose hasta alturas descomunales entre las nubes alumbradas. Parecía un artefacto de Dioses paganos. Una entrada a otro mundo, un medallón incandescente. Estaba más cerca de lo habitual de nuestros terrestres discurrires…

Guatapurí

Guatapurí

Guatapurí

Yo estoy en un país americano, y tengo un río cerca, al que los indígenas tratan como a una entidad animada. Aquí la naturaleza te invita a esa otra cordura, porque para sobrevivir la precisas, porque es tan indómita como ciertas calles al anochecer.

Cuando me motivo, que a decir verdad no es frecuentemente, voy a correr 5km hasta allí, y me baño en unas aguas apacibles que hielan hasta las rodillas, y que dejan ver el lecho de color aceituna entre sus enormes cantos rodados de un gris caliente. Tras los días de lluvia ese color cambia, las piedras son sepultadas por una corriente turbia, verdeagrisada, y las aguas bajan tan caudalosas y grávidas que hasta alguien de poca sesera se repensaría el chapuzón, ante la ensordecedora advertencia.