Un barrio

Un barrio

Un barrio

El otro día salí a pasear con la bicicleta a las seis de la tarde. Noté que era cuanto tenía que hacer. A esa hora se hace de noche aquí, durante todo el año, también ese viernes. No fui por los caminos ni calles diurnos, que ya conozco. Sinó que me adentré en un barrio al que suelo ir siempre que necesito sentirme un poco Viajero de Sueños, porque es claramente un portal dimensional.

Su hechizo consiste en que no se parece al resto de la ciudad. Es como un trozo del Bogotá estrecho, pero en las calurosas calles vallecaucanas, y se distingue por la estrechez de su hidráulica, y la nocturnidad tranquila de sus habitantes.

Durante esas horas en que uno debiera, según reza la prevención, estar alerta ante el prójimo, aquí uno debe estar alerta a la placidez, para no perdérsela, de un barrio enteramente inofensivo.

Puede uno observar la intimidad de sus habitantes, las calles son una extensión de su casa y así la tratan, ventanas y puertas abiertas, dando colores interiores blancos, verdes y azules de señoras en delantal cocinando, contra el exterior naranja oscuro dónde todo se ofusca en el mismo tono – por el alumbrado municipal que baña en ámbar las sombras.

Se ofuscan los paseantes, los bicicleteros como yo, el retrasado que agita sus brazos sentado en el suelo. Los niños empujados por vientos endiablados pateando el balón. Los jóvenes besándose en las esquinas, los mayores sentados a la fresca en sillas blancas de plástico. Las muchachas que se apresuran a llegar a su casa porque se saben deseadas y no quieren dedicar más de lo necesario a ese inoportuno trance.

También vi un trozo de Pueblo Nuevo allí, en la cancha de fútbol, pisoteada por los cuerpos al grito “¡pásala, aquí, eh!”.

Uno de los laterales de la cancha queda delimitado con casas hechas en los años 1950. Por la irregularidad de los tejados. Por el emparedado harinado, desconchado. Por la escasez de ventanas, abiertas como un suspiro, vías de escape de un interior acogedor y barrial, en el que uno aprende, sin embargo alguno, lo más importante de la vida.

Nunca recuerdo el nombre de ese barrio. Pero no me importa.

Cuando lo bicicleteo, siento una tremenda euforia, sé que la gente es buena, que la ausencia de Vigilancia es una victoria contra la misma. Pulverizamos a los vigilantes, nos los cargamos, no hay ni rastro de ellos aquí, algun policía motorizado despistado, sin mucho que hacer. Hemos expulsado al Mal y me incluyo entre los vencedores, lo hemos expulsado a las tinieblas de dónde vino, al menos durante esa tarde eterna.

Me invadió asi una vez más la sensación, o la certeza, de que Dios hace el mundo para uno, y de que cada cual puede situarse en ese rol de aventurero único con sólo proponérselo: “voy a ver qué preparó Dios hoy aquí para que lo sueñe despierto; voy a espiar su creación porque sé que me da para ello permiso, veamos pues qué expresión del mundo, qué seres asbolutos va a brindarme hoy, porque yo acepto su obra para que, a través de mi conciencia, se exprese y se imprima y me deje sin palabras”.

Así es que entiendo a Heidegger cuando camina por la Selva Negra. Su obra es un lamento, se lamenta por el abandono del Mundo. El Mundo como sagrado procesar la Creación, procesar del que todos somos capaces, y del que todos nos hemos alejado.

Ahora queremos ser Dioses, no yo, pero sí “el progreso”, que cambia géneros, juega con ADNs, mezcla poblaciones, somete con su Finanza y Asalariato, androginiza, pincha sustancias, tele-emite, cabezaparlantea, invade desiertos, bombardea edificios en Siria, instala C4 en Atocha, cabaliza los eventos colectivos, droga las psiques, encarcela a robagallinas y monta “Secciones Pi” de Sicariato de Estado, como recién dijo Villarejo, como no debiera sorprendernos por los ya conocidos antecedentes de similar naturaleza, y como ningún medio masivo ha tenido la honradez de recojer, a diferencia de los años 90, cuando todavía quedaba una España a la que someter: en la deuda, en la inopia, en la ignominia, en el Ego y en el desarraigo.

Los Antiguos deparan la destrucción a quién se erija con la osadía de portar la luz reemplazando al Creador. No tardaremos en ponerlos a prueba.

¡Un abrazo padre!

Os recomiendo al youtubero español Lobo Estepario

Os recomiendo al youtubero español Lobo Estepario

Os recomiendo al youtubero español Lobo Estepario

Os recomiendo al Youtubero español Lobo Estepario. Es anti-pandemista. Bastante radical. Pero dice cosas interesantes. Tenía canal propio, pero mencionó a los Innombrables (adivine quiénes son) y fue fulminado (cerraron su canal a los 20 minutos de publicar ese video en particular). Ahora sobrevive mediáticamente enviando sus videos a amigos que le hacen el favor de publicarlos por él en cuentas con otra IP que la de su teléfono.

Vean unos cuantos videos suyos recolectados por aquí. Este canal los actualiza correctamente, al menos los videos nuevos que va subiendo.

En muchos comentarios se acusa a Lobo de estar loco o perdiendo la chaveta.

Sí que da un aspecto de inestabilidad.

Gritos, hablar solo como último recurso… Algo que dada la situación, hasta cierto punto es comprensible.

Estar en España causa ira, desequilibrio.

Las personas cuerdas enferman en entornos locos.

Y España lo es. La Élite (española e internacional) ha dado forma a un país dónde progresa el cobarde, el cateto, el traidor, el adulador, el siervo, el obediente. Una figura humana hecha a su semejanza (a la semejanza y comodidad de los políticos españoles). El hombre honesto, respetuoso… está frito aquí.

Un mundo al revés completado exitosamente.

Y así claro pierde la chaveta cualquiera (a no ser que te pases al enemigo, que entres al redil).

Si pudiera aconsejar a Lobo le diría que si cambia de entorno (Portugal me parece cojonudo – no sé por qué lo ha dejado, dice que la policía le molesta igual pero coño, es que hasta cierto punto es normal que se pregunten qué hace un menda hipertrofiado greñudo y hablador solitario durmiendo en un coche en parajes desolados-), que cambie el chip también, que no se lleve la ira consigo.

Que la ira producto de la impotencia causa todavía más impotencia. Que uno no puede perderse por no poder vencer al Leviatán/Estado. Hay que adaptarse a otra forma de lucha no-frontal. Asimétrica.

Es una guerra de consciencias, si la tuya está sana ya lo tienes todo ganado. Si no… les perteneces.

La Sagra I

La Sagra I

La Sagra I

La Sagra es un lugar recóndito en medio de todo. Madrid, en realidad, no queda lejos. Los camiones cargardos de mercancía la transitan. Sin embargo, hay algo fantasmagórico en esa región.

Solo hace falta percatarse de las caras de sus gentes. Los visajes ajados de sus habitantes te recuerdan a la Guerra Civil, un mundo apaleado, baldío, de obús y aire seco, de sabor metálico taciturno, de labor de tierra, de sol de justicia, de espíritus aventados como un caballo desbocado fantasmal y nocturno.

Esos rostros siguen cautivos, sin siquiera acordarse de su cautiverio, y hoy murmullan bajo la apariencia del dinero nuevo que propulsó la burbuja inmobiliaria manchega, ese dinero que llegó, y que se fue, como un aguacero de falsas promesas. Un dinero que cambió el paisaje, del secarral al campo de grúas, que, como extractores de petróleo, quedaban desparramadas en el aislamiento de una realidad malagüerada de ladrillo, catastros, discusiones fuertes, tractores, municipalidad muerta y vaga… de iglesias silentes golpeadas por la radiación solar.

Hoy ese respirar ardido de sus habitantes desegnañados, ese deslomarse para nada, ese quejido plañidero, no llega a las consciencias de los transportistas que atraviesan el territorio a toda mecha; son fáciles de dejar atrás acelerando por la A-42, por la Carretera de Toledo, dejando atrás Villaluenga, Cabañas, Olías del Rey.

Sólo el auténtico investigador apasionado de España sabe de los quejidos que se quedan atrapados en las piedras de esta región, de la que más vale salir pronto, con el sudor tembloroso de quién se sabe acechado. Cuál Triángulo de las Bermudas terrenal, algunos motores muestran síntomas de querer detenerse, algunos perros se cruzan en la carretera (galgos), pero normalmente todo queda en un susto.

Toledo Norte aguarda, vuelven los radares, las circunvalaciones.

En las colinas áridas de La Sagra solo quedarán alacranes, escondiéndose, esperando su momento para salir al fresco, bajo la quietud de una luz apabullante, que solo dará tregua a la luna condenada, a la modulación y el súbito aleteo de un pequeño búho cazador.

Las Muelas Mágicas de Laura

Las Muelas Mágicas de Laura

Las Muelas Mágicas de Laura

Laura era una niña a la que siempre le pasaban cosas sensacionales.

Junto a su hermano, una tarde descubrieron conchas de luz entre la arena de la playa, y se las trajeron a su mamá, que las guardó en un pote de cristal. Por la noche, las conchas de luz iluminaban la habitación y les daban a todos una sensación de calma.

Otro día, cuando su abuelita los recogía del colegio, encontraron de camino a casa a un gatito con manchas blancas y negras, que los miraba con ojillos verdes. Al gatillo lo llamaron Señor Pétalo, y lo cuidaron con grandes atenciones, hasta que creció sano y fuerte, aunque siempre fue un poco despistado y siempre tiraba los jarrones de la casa al suelo, rompiéndose al estrellarse con el piso, y se quedaba mirando a la gente (escandalizada) con esos ojillos verdes.

Otro día, el viento soplaba tan fuerte, que Laura decidió soplar contra él, y el viento aminoró, dejando pasar a Laura, que iba de camino a la peluquería junto a su hermano y su abuela. Laura se imaginó el corte de pelo que recibiría su hermano y, mágicamente, el barbero se lo hizo exactamente a como había imaginado, con unas formas y unos dibujos bacanísimos.

Le quedó genial, y su hermano, siempre muy activo, mutliplicó por diez su energía durante los siguientes diez días.

Pero un día, a Laura le sorprendió un dolor de muelas.

– Mamá qué puedo hacer?
– Iremos a ver al Doctor Giacometti – respondió la mamá

Cuando llegaron a la consulta del Doctor Giacometti, vieron todo tipo de elegantes muebles, papeles, espejos, cuadros históricos y una colección de bolígrafos.

– Cuénteme jovencita, dónde le duele?
– AQUI – dijo Laura, señalándose las muelas

El Doctor Giacometti sacó una lupa para examinar las grandes muelas de Laura.

– AAAAH vaya, un dolor de muelas tipo C, usted debe ser una persona de gran corazón e imaginación galopante, es un caso típico, así que permítame que le recete lo siguiente…

El Dr Giacometti se sentó en su escritorio de madera y empezó a recitar mientras escribía:

– Lunes, un trago de agua de mar, Martes, 80 frijoles de amorcito, Miércoles, estornudo de caracol, que deberá tomar en ayunas, Jueves y Viernes, miga de carne de pez, frita en aceite de luciérnaga… y Sábado y Domingo, descansar, podrá descansar, jovencita.

De regreso a casa, Laura estaba aburrida y su hermano se reía de todos los potingues que ella debía tomar.

Señor Pétalo tiró otro jarrón al suelo y miró con sus ojillos verdes, y la tarde se volvió confusa y atareada.

Por la noche, con un poco de dolor de muela, Laura fue a mirar las conchas de luz, que estaban brillando como siempre. Eso la calmó, y el dolor empezó a desaparecer. ¿Cómo era eso posible? “¡Las conchas son blancas como mis muelas, son duras como mis muelas, y están hechas de la misma materia que mis muelas!”. “Como las estrellas, como los tesoros de marfil del África, como los mármoles de Italia!”.

Laura se sintió mejor.

Su muela ya no estaba sola, ahora formaba parte de un universo genial, y con esa idea, todas las muelas de Laura estuvieron siempre acompañadas de una luminosidad maravillosa cada vez que sonreía.

Y hasta aquí, el cuento por teléfono de hoy.

Pero el mío, mi mar, él no está desecado

Pero el mío, mi mar, él no está desecado

Pero el mío, mi mar, él no está desecado

Miremos a España por ejemplo. La vida normal parece haber terminado.

 
Pero no solo por el toque de queda del Coronavirus.
Sin Coronavirus también: la vida normal ha terminado.
 
Solo queda como resquicio quién salga con una barca a la mar, y sirva más tarde contra el suelo los tesoros submarinos medio desenredados y latientes, sólidos, golpeando rellenos contra el suelo su frescor vivo.
 
Ahora todo es Mediamarkt, teles de plasma, cinismo, sonrisa del inseguro que habla por una bocaza ofensiva.
 
Ahora todo es Ministerio de Obras Públicas, Banca Amiga, Telecinco, Fútbol.
 
¿Tan alejados estamos de la vida primigenia?

Una Luna como una Fortaleza de Dioses

Una Luna como una Fortaleza de Dioses

Una Luna como una Fortaleza de Dioses

Hoy vengo del río, la luna se ha levantado plena como una gigantesca montaña de mármol, elevándose hasta alturas descomunales entre las nubes alumbradas. Parecía un artefacto de Dioses paganos. Una entrada a otro mundo, un medallón incandescente. Estaba más cerca de lo habitual de nuestros terrestres discurrires…