Apreciar otras formas de vida… y dejar constancia de ello.
Apreciar, respetar e interactuar con una comunidad visitada, observando y participando de sus formas de vida – a través de la convivencia y del disfrute de su cosmología y folklore (y dejar constancia de ello).
Mi forma de entender la antropología, como véis, es sencilla y anti-compleja, y si tuviera que explicársela a un amigo mientras tomamos un café, de manera algo más elaborada, probablemente diría algo como esto:
La antropología estudia cómo viven, piensan y conservan sus tradiciones aquellos pueblos cuya herencia cultural permanece muy alejada, o relativamente alejada de la modernidad occidental y su legado.
Sé perfectamente que hoy existen antropólogos que investigan precisamente las sociedades occidentales, por ejemplo: gente que estudia las empresas multinacionales, las sub-culturas urbanas, las comunidades online, la cotidianeidad en instituciones públicas como la Administración o los grandes Hospitales, las redes sociales, los grupos politizados (feminismo), o los barrios populares. Esa es una realidad de la disciplina actual. Pero a mi no me interesa.
Lo que realmente me atrae son las culturas distintas a la mía, especialmente las suramericanas, que se fusionaron con el elemento hispánico. Sus identidades ancestrales han pervivido mucho más de lo que se suele hablar, extendidas en buena parte de sus sociedades, y eso es algo que he tenido la oportunidad de apreciar y disfrutar viajando por América del Sur, a quien debo los mejores años de mi vida.
Muchas tradiciones, y mejor aún, valores morales y sociales, han sobrevivido durante siglos y muchas formas de vida conservan una continuidad histórica propia, aunque atenuada por el mundo del «Hombre Blanco».
Me interesan especialmente los pueblos indígenas, su expansión en el cuerpo social urbano contemporáneo, y sus amplios (muy amplios) intersticios y mareas altas y bajas para con la sociedad occidental que se les ha impuesto: sus mitologías adormecidas pero despertables, su visión del mundo matizada (gracias a su legado, alternativo, latente, pero potencialmente activo), y todo aquello que solemos agrupar bajo una palabra tan hermosa como el folklore – y su adaptación (conflictiva) al mundo moderno.
También me resulta fascinante tratar de entender si ellos trazan, conscientes o no, un camino de regreso cultural hacia las ancestrías indígenas de las que provienen, es decir cómo se relacionan con lo que han tenido que orillar culturalmente, desde su lugar y momento actuales.
Y todo ello con dos objetivos:
– estudiar para proteger: su integridad y su salud cultural alternativa, y hacer pervivir lo ancestral en lo moderno (un medio tan disolvente y destructor, contra el que hemos de batallar).
– estudiar para integrar: ser como ellos en todos aquellos valores pro-sociales con los que, me consta de primera mano, superan holgadamente a la (a)moralidad occidental y al modo de organización (familiar, comunal) contemporáneo que prima hoy, espoleado por los poderes económicos mundiales.
No se trata solo del folklore artístico, que también, sinó de conocimientos (agricultura, saber agrícola local), costumbres (ritos, festividades), relatos (grandes esquemas de nuestro lugar en el mundo), creencias (cuentos de miedo populares como la Llorona), cosmología base (directamente conectada a las narrativas de poder de imperios ancestrales), músicas, danzas, técnicas artesanas, y formas finalmente de juzgar e interpretar la realidad mundial contemporánea: el Imperio Yankee, el dominio del Dinero, etc.
En definitiva, los valores que un pueblo transmite de generación en generación, de forma hablada (o, más sutilmente, actitudinal).
¡Fuga, evasión, alternativa!
Hay, además, una razón muy personal que explica mi interés en el sustrato cultural no-occidental de América del Sur.
Analizar América es apasionante… analizar a España (por ejemplo) es un horror… puesto que analizar el mundo moderno continúa siendo, en cierto modo, permanecer en él, y hasta glorificarlo. ¿Qué interés tiene para mi estudiar la cultura de los Gamers o de los Gitanos Españoles si no me interesan ni los gamers ni los gitanos, ni el mundo que los ha producido y que ambos anhelan?
En cambio, mi propósito es descubrir una Otredad para integrarla en lo personal, para visitarla y para empaparme de ella, pertenecerle, incorporar sin doblez otras formas, previas al mundo del Hombre Blanco, de entender la existencia. Esas formas distintas tienen un legado colosal, enmarañado y frondoso del que beber.
¿Para qué restregarme por el barro de la sociedad europea urbana contemporánea, si puedo ampliar mi horizonte e inspirarme en modelos culturales distintos y arcaicos – pero mucho más civilizados, y actualizables, y recuperables: más amables, más convivenciales y más sofisticados?
La típica señora indígena peruana o colombiana, o de ancestría mixta hispano-indígena, nos da la receta, nos da el secreto de una buena vida y de una buena sociedad.
Compartir tiempo con comunidades o personas de ascendencia indígena o mixta en América del Sur es tan grato y tan amable que dejan al mundo Europeo y Anglosajón como el auténtico pozo de locura que son…
«Pero los Mexicas era muy malos…»
¡Por supuesto! Pero no, no me interesa recuperar obviamente las dimensiones malignas como las de los Mexica en Mesoamérica (¡siendo yo mucho más afín al Mundo Andino, todo sea dicho de paso!). Se trata, muy al contrario, de recuperar lo mejor de lo ancestral, no lo peor.
Por tanto, resulta natural que dirija mi atención hacia lo que podríamos llamar «Sociedades B«: pueblos y culturas subordinados y desatendidos como tales, que se encuentran bajo el dominio Occidental, pero que resisten a las disoluciones occidentales; que han desarrollado una inmunidad a ellas, que tienen y dan (en silencio, en privado) respuestas diferentes a las grandes preguntas humanas.
Porque nos posibilitan un regreso a valores perdidos, a relaciones morales y equilibradas entre las personas, al respeto y al pudor.
Hay que rechazar sin perder tiempo la orgía liberaloide occidental, y remoralizarnos interiormente y socialmente, y la ancestría indígena ofrece perspectivas en ese sentido, perspectivas distintas a las del esclavo asalariado occidental, materialista, hedonista, cruel, egoico y somatizado en que se ha convertido buena parte de la Humanidad (ojo, incluyendo a la potencia pujante: China, y a menudo también a muchas personas del mundo urbano hispano-americano, atrapadas por los valores que dinamizan a toda velocidad los píxeles en Instagram).
Necesitamos, paradójicamente, mirar al pasado, hacer una arqueología cultural, recuperar nuevas viejas notas y harmonías; sobre la familia, sobre la comunidad, sobre la espiritualidad, sobre la relación con la naturaleza o sobre la organización de la vida cotidiana.
Ahí encuentro un valor que, para mí, va mucho más allá del mero interés académico.
El rol del investigador: proteger y aprender
Para recuperar esos valores, hay que entender, hay que rebuscar, hay que formular, hay que proteger y dotar de defensas e inmunidad a quienes son su crisol – cuando no aprender de la inmunidad que ellos tienen al respecto de ese Mundo Moderno.
En último término, esos valores nos sirven, para transformarnos y sanarnos, y para ofrecer respuestas a otras personas que las requieran, y por supuesto para disponernos a hacer una defensa cerrada de ellos y de sus portadores, honrar y proteger a esas fuentes tan sagradas que nos pueden resultar tan benéficas.
Así, con este pequeño texto inaugural, comprendo -¡a medida que lo redacto!- por qué me pica el gusanillo desde hace mucho tiempo, y por qué tengo ese interés antropológico, tras conocer Colombia, Ecuador y Perú, y, en menor medida, Venezuela, que tiene unas especificidades propias, algo más (pero no del todo) alejadas de su propia ancestría (lamentablemente).
Los tres han despertado en mi de manera definitiva una predisposición vital, una orientación, una fascinación hacia el estudio de las culturas indígenas suramericanas, y de las múltiples formas en que su legado continúa vivo, incluso cuando convive con la (tan aborrecible) modernidad (que ha traído, por ejemplo, mucha ciencia médica, pero muy pocos valores convivenciales – de hecho ha traído anti-valores).
¿Dónde queda España en todo esto? España está podrida.
No siento el mismo interés por analizar la cultura contemporánea occidental (o asiática, o africana) ni las dinámicas culturizantes (aculturizantes diría yo) de una gran ciudad «anglo-formada» o «sino-formada» (al estilo chino cyberpunk) en el actual Sistema Imperial dual. Respeto lejanamente esos campos de investigación, pero no son los que alimentan mi búsqueda en absoluto.
¿Una rivalidad con la Sociología?
También me gustaría aprovechar la ocasión para distinguir entre la antropología y la sociología de una forma sencilla, porque creo que ayuda mucho a entender ambas disciplinas y por qué me atrae una más que la otra.
Veámoslo en esta tabla que hemos compuesto.
| Aspecto | Antropología | Sociología |
|---|---|---|
| Pregunta principal | ¿Cómo vive y entiende el mundo este grupo humano? | ¿Cómo funciona esta sociedad y cuáles son sus estructuras? |
| Objeto clásico | Pueblos indígenas, sociedades tradicionales, minorías culturales, comunidades concretas. | Sociedades modernas, industriales, urbanas y sus instituciones. |
| Unidad de análisis | Una comunidad o grupo relativamente delimitado. | La sociedad en su conjunto o grandes sectores de ella. |
| Método emblemático | Etnografía: convivir durante meses o años con la comunidad. | Encuestas, estadísticas, censos, entrevistas y análisis de datos sociales. |
| Escala | Micro (vida cotidiana, rituales, parentesco, simbolismo). | Macro (clases sociales, economía, política, educación, demografía). |
| Trabajo de campo | Central; tradicionalmente el antropólogo vive con la comunidad. | Importante, pero no siempre imprescindible; puede trabajar con grandes bases de datos. |
| Concepto clave | Cultura. | Sociedad y estructura social. |
| Interés principal | Comprender una cultura desde la perspectiva de quienes la viven. | Explicar patrones generales y regularidades sociales. |
| Resultado típico | Una etnografía detallada sobre una comunidad. | Un estudio sobre fenómenos como desigualdad, movilidad social, desempleo o delincuencia. |
| Pregunta de ejemplo | ¿Qué significado tiene este ritual para este pueblo? | ¿Qué factores aumentan el abandono escolar en un país? |
Naturalmente, las fronteras entre ambas disciplinas son hoy más difusas que hace un siglo. La antropología y la sociología dialogan constantemente y comparten muchos métodos e intereses. Aun así, esa comparación resume bastante bien la diferencia de sensibilidad que percibo entre ambas.
Comundiad vs Sociedad
Mi interés personal está menos orientado a explicar grandes estructuras sociales, dinámicas económicas o de poder, y más a comprender comunidades humanas concretas y amplias.
Una Comunidad Humana: allí donde hay una subjetividad compartida – lista para ser explicada, allí donde hay vínculo con el otro, aunque sea alguien desconocido, pero homogéneo, allí donde se produce un más allá de mi inmediatez, pero donde aún reconozco al otro como propio. Una Nación sería una Comunidad Humana.
Esas características que mejoran la calidad de vida de uno, se han desdibujado en, por ejemplo, Europa o Estados Unidos. En la masividad anónima de la gran urbe occidental, se ha perdido toda homogeneidad, y se ha reemplazado por una explosión infernal de seres dispares y egoístas en pugna permanente.
Así, Londres o París han perdido toda su homogeneidad, son ahora un patíbulo infernal, un popurrí grotesco.
En cambio, una gran ciudad como Bogotá no ha perdido homogeneidad, a pesar de su masividad urbana interminable, y, por supuesto, exquisitamente fascinante.
Bogotá es aún una comunidad humana – susceptible al estudio sociológico donde entran dinámicas de poder, clase, subordinación, economía, etc – pero donde se reconoce una subjetividad contínua entre seres humanos.
Su mixtura con el elemento hispano es tan fructífera y profunda que ha dado lugar a uno de los lugares más apasionantes para quien sepa respetar y escuchar.
Aparte de la normalidad de Bogotá, suficientemente profunda y amable (por mucho que me lo critiquen yo siempre he sido tratado de manera muy amable allí), tenemos preguntas más liminales, más indagadoras. ¿Cómo entienden los indígenas y campesinos en Bogotá al mundo moderno, y al suyo propio? ¿Cómo narran sus orígenes y su presente, qué valores conservan con tenacidad, y qué huellas de su pasado siguen vivas en el presente? ¿Hasta qué punto se ha desdibujado su pertenencia?
Es por ello que en este Blog de vez en cuando subiremos algún estudio de tintes antropológicos – siempre de campo. Será un espacio para explorar con curiosidad y respeto el inmenso patrimonio cultural de los pueblos indígenas y tradicionales de América del Sur, su ancestría, su actualidad, su supervivencia, su vigor, sus fortalezas, lo que nos inspira para ser mejores y alejarnos de la destrucción posmoderna anglo-occidentaloide.
Espero que este pequeño artículo, a modo de clarificación de ideas propias, haya sido de su agrado e interés.
¿Buscando Hosting?
Si estás buscando un Hosting que se adapte a ti y no al contrario, te recomendamos Bluehost, una solución de infraestructura altamente adaptable y con el mejor precio.
¡Usa nuestro enlace a su web oficial para obtener las mejores ofertas!

