Todo empezó en 1989-1991, cuando Tim Berners-Lee (el papá de la web) creó la primera página en el CERN. Era básicamente un bloc de notas con enlaces azules y cero gracia. Fondo blanco (o negro en algunos navegadores), texto Times New Roman y la ambición de conectar toda la información del mundo.

Utilidad: revolucionaria.

Diseño?: brillante por su ausencia.

Llegaron los 90 y el internet se puso… creativo (léase: caótico).

  • Aparecieron las tablas anidadas dentro de tablas dentro de tablas (como una suerte de meta-matrioskas del infierno).
  • GIFs parpadeantes de “Under Construction” con obreros cavando (todos los sitios parecían una obra pública en Madrid).
  • Fondos con patrones de ladrillo, estrellas giratorias y “best viewed in Netscape 4.7”.
  • Fuentes Comic Sans para ofender a nuestra psique y márgenes de 3 píxeles de ancho gritando “¡Mira mi control del CSS!”.

1997-2003 → La era del “Flash” Sitios enteros hechos en Flash. Intros de 3 minutos con música tecno de los 90, botones que explotaban al pasar el ratón y la frase mágica: “Skip intro”. Si tu PC no tenía 512 MB de RAM, simplemente estabas vendido, llorando en silencio.

Luego vino la Web 2.0 (≈2004-2010) y todos descubrimos que podíamos tener sombras, brillos, esquinas redondeadas y gradientes horribles. Todo era azul cielo, iconos 3D brillantes y tipografía gruesa. Parecía que el mundo entero había descubierto Photoshop al mismo tiempo.

2010-2015 → Responsive design al rescate De repente los móviles existían y las webs de 960 px de ancho se veían como un elefante intentando sentarse en un monopatín. Ethan Marcotte dijo “¡basta!” y nació el diseño responsive. Las webs empezaron a portarse bien en cualquier pantalla… más o menos.

2016-2022 → Minimalismo, tarjetas y hero images gigantes Fondo blanco, tipografía sans-serif enorme, mucho espacio negativo y fotos de gente sonriendo mirando al horizonte mientras toman café. Todo muy HIPSTER.

2023-2026 → Glassmorphism, neomorfismo, dark mode y microinteracciones. Ahora las webs parecen interfaces de iPhone futuristas, con transparencias, bordes suaves, animaciones sutiles…

Pero seguimos discutiendo si el scroll infinito es normalidad o un crimen de lesa humanidad.

Moral de la historia: El diseño web pasó de ser un documento académico aburrido a una fiesta psicodélica de GIFs, luego a una obsesión por el brillo, después a minimalismo zen… y ahora parece que queremos que todo se vea como una visión psicodélica de Steve Jobs.

¿Y mañana?

Si debemos creer a los gurús de la tecnología (algo que yo no os recomendaré jamás, por cierto) probablemente vayamos a las primeras interfaces neuronales…

La pregunta es… ¿usarán COMIC SANS?

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